jueves, 8 de agosto de 2013

Blackout


                                                              (kilos y kilos de soledad no serán significativos
                                                                                     da lo mismo dejarme caer acá que intentar
                                                                                                         ser
                                                                                                                algo
                                                                                                                        más)

No voy a trabajar en organizaciones con fines de beneficencia,
no voy a ser esa estrella que deslumbre por sus virtudes,
ni la joven modelo de instituciones zombies.

Sólo estaré en cama pensando,
conjugando el verbo haber en sus más ínfimas posibilidades
acaso sea la única palabra que me quede
después de sucumbir ante el mundo infalible.

No estoy tan sola ni tan ebria
como para sentir mi vida en su total decadencia,
todavía puedo maquillarme y fingir,
ponerme aquél vestido bonito y caminar
con la mirada fija y la espalda erguida...                         
 
                                                               (alguien tomará los tacones vacíos por mí
                                                                mientras recita versos alejandrinos
                                                                en completa armonía con la naturaleza)
                                                                
He perdido el encanto y la dulzura
de improvisar a cada instante 
y emanar juventud como quien es una aurora
con un único momento para estallar 
y esparcir chispas por el resto de mis días.

Ya no me quedan suficientes colores,
esta es mi oscuridad y la disfruto,
esta es la poca verdad que me queda,
el justo equipaje para andar
por mis propios senderos
en silencio.

martes, 23 de julio de 2013

Tratado sobre la iluminación

Le debo a una conversación sobre triángulos y un concierto de Amy Winehouse la explosión de mi estado mánico. Una felicidad abrumadora (overwhelming). No sé, tengo impulsos para salir a correr, para hacer treinta y dos fouettés, para ir a comerme una pizza yo sola... En este momento podría conquistar mi mundo. En este momento podría explayar mi éxtasis en todo el viento que me rodea, aún en esta habitación cuadrada. Y como soy feliz, escribo. Estoy solitariamente feliz. Somos la pantalla del ordenador y yo nada más en el mundo. 

Acabo de escapar del agujero negro, les manda saludos. El agujero negro estuvo conmigo durante mucho tiempo (yo no estuve dentro de él, fue una fusión extraña [posiblemente la cópula más turbia que haya tenido {sólo dimos a luz tristeza y desolación} y que tendré], tan extraña que no podía distinguirse la oscuridad de mi). 

Hoy puedo dar testimonio de mi felicidad, voy a marcarlo como fecha histórica. Hay muchas razones para desmoronarse allá fuera, más que agujeros negros. No sé exactamente qué, pero las hay. Por el momento, voy a anclarme acá, a descansar de ser náufraga entre espacios vacíos. El vacío no es malo, pero esta vez estaba medio lleno de tinieblas. Creo que también ayudó ver esa película nuevamente, esa película me incendia, me revitaliza. Dice la crítica que no es tan buena como pudo haber sido, pero a mí que me importa. Es un contacto con los deseos más reprimidos, es llegar al corazón más que un caramelo a una niña. Ahora que lo recuerdo, hoy también comí chocolate después de haber estado enferma del estómago. El chocolate se extraña, las endorfinas lo resienten, mucho. 

Disfruto el delirio ebrio de Amy, lo disfruto como si fuera mío [porque es mío]. 

No sé qué hice para por fin desprenderme de la oscuridad. No sé exactamente qué pasó. Lo que he dicho son puras trivialidades, me gustaría pensar que se trata de una fuerza más intensa (ya sé que también puede ser el desfase del equilibrio químico, pero si voy a hablar de átomos mejor hablo de agujeros negros). Hoy siento que mi prosa es fluida, hoy siento que no tengo que fingir que escribo, que no tengo que exprimirme las entrañas hasta que por fin brote una oración decente. Hace poco también me topé con un cuento y hoy con un poema que me dejaron helada. 

En fin, podría seguir enumerando causas, como si esto fuera un asunto lineal. Pero no. Ni ustedes, ni nosotros ni yo sabemos en qué tipo de universo vivimos, no me jodan. Es sólo que tenemos demasiado lavado el cerebro, ese es el principal y único problema, que necesitamos lavarnos el cerebro para soportar vivir con todos los que estamos (excepto cuando sucede la casualidad milagrosa de encontrar alguien con quien podemos estar con el cerebro sucio, y existe, y pasa, y podría escribir un cuento de hadas al respecto).

Hoy tengo luz propia, hoy no tengo que andársela robando a nadie más. Hoy me basta con lo que soy y con lo que he hecho. Y  no puedo dejar que esta epifanía se esfume bajo la almohada. 

viernes, 28 de junio de 2013

Agonía





Voy a desechar mis utopías.
Acá, ya no importa
si alguna vez tuve un deseo.

Soy otro títere bailando
entre la lluvia sorda
una melodía que no escucho. 

El horizonte se desdibuja
con las últimas gotas del día
apenas es la fantasía
de mis sueños mutilados.

Apenas existe el mundo
que yo conozco, el que puedo
dibujar en trozos de papel reciclado.

Voy a cerrar la ventana
y a huir entre las sábanas
que el sol nunca me encuentre. 







jueves, 20 de junio de 2013

Refugio

Voy a pasar el tiempo aquí,
donde la única bestia
es esa criatura tóxica
que mira desde el espejo. 



viernes, 17 de mayo de 2013

La eternidad no existe


La eternidad no existe, eso dice el reloj.
Y lo veo acariciar los números de cada segundo.
Cierro los ojos.
El reloj puede seguir el curso del tiempo,
Yo puedo seguir soñando con su destrucción.

domingo, 5 de mayo de 2013

Discurso del ego


Escribo sobre mis propios escombros. A veces solamente hay residuos y basura que, de alguna manera, intento transformar en algo legible. No necesito condiciones de laboratorio para escribir. No podría tener absoluto control sobre las variables, ni siquiera sabría si alguna es realmente independiente.  Tal vez tendría yo que aprender a ser totalmente independiente y controlar...

Controlar, por ejemplo, qué decir y qué hacer en las situaciones apropiadas. Controlar ideas, sueños, dudas... palabras. Cada vez que siento un impulso fuerte escribo, configuro mi pequeño mundo hasta esclarecer alguna ruta, algún referente para responder a la razón de mi existencia. Y así, puedo ir quitándome la rutina de encima, esa pequeña joroba que se me forma en los pensamientos por hacer y decir siempre lo mismo. 

Y en algún momento de mis meditaciones tengo que pensar en los demás, que mi vida no es un ejemplo a seguir si de solidaridad se trata. A veces pienso en el infierno y nada, ya lo siento existir dentro de mi. Y sé que las cifras de desigualdad, de pobreza, de hambre, de muerte son peor que cualquier vaticinio del apocalipsis. Y sé que los productos que consumo no son biodegradables, y están elaborados por trabajadores sin derechos. Pero todo esto es parte de un monstruo al que yo no puedo domar. Un monstruo en el que vivimos todos y que vive dentro de cada uno de nosotros. Pero estoy hablando en primera persona, y sí, el monstruo vive dentro de mí, pero eso no quiere decir que yo sea el monstruo ¿o si?

Esto es lo que pasa cada vez que pretendo huir de mi ordenada vida, termino imaginándome bestias indomables sin música para acompañarme. Tal vez debería dejar que la alienación me consuma y ceñirme a mi vida normal, cumplir con lo que se me exige, que ya es mucho. Entre otras cosas, se me exige repetir el discurso diario de una estudiante universitaria. Que las clases van bien, gracias, que no he perdido ninguna. Que me dejan muchas tareas y que sí, soy de los jóvenes que van a cambiar Guatemala. 

Pues yo me cambio la ropa todos los días y no entiendo como es que esto de los cambios es beneficioso. Porque, según entiendo, un cambio implica que el ente cambiante sea, en esencia, permanente, que pueda cambiar para decir que hay algo distinto, pero en el fondo, sigue siendo la misma cosa. Una cosa que damos por sentado o sentada, y lo único que cambia es la silla.

Me gustaría transformarme. Convertirme en algún tipo de animal con superpoderes. Pero, cuando lo pienso, no sé qué haría con ellos. Seguramente sería un desperdicio que la naturaleza gastara sus energías para darme superpoderes, así como es un desperdicio que me dé esta pantalla, esta casa, estas palabras. Y soy tan egoísta que sólo puedo pensar en  mi transformación, en como voy a escaparme del tedio. Pero es que la segunda persona plural es tan complicada...

Todas las personas son complicadas. Yo soy una persona. Por lo tanto soy complicada. 

Y soy una persona joven. Alguien que se puede tragar todas las mentiras que se les ocurra inventar. Alguien a quien todavía la traicionan las ilusiones. Que tengo que tener metas y sueños, dicen. Honestamente no sé quién lo dice. Yo sueño en las noches y al día siguiente apenas si me acuerdo. 

Esto es lo que necesito descargar para dormir tranquila. Esto, sólo para confirmar mi existencia. Ya mañana pensaré, en algún momento rutinario, con palabras rutinarias, lo que conviene decir para salvar al mundo. 

domingo, 17 de marzo de 2013

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Voy a desperdiciar letras y palabras porque ya no me caben. Voy a desgastar el arsenal de verbos que aún me quedan. Dejar de ocultarme entre todas las cosas que no he dicho, que no entiendo, que no sé...

A pesar del desperdicio, del desgaste y de los silencios, hay cosas que aún puedo decir. Aún puedo explicar cómo tiemblo ante la posibilidad de salir a la luz y dejar que las palabras sean mi espejo. O mejor, que sean mi espada para desafiar al mundo.

No es fácil desenvainarla y atacar. Hay tantos ojos y oídos allá afuera esperando para devorarme. Pero no hay vuelta atrás, voy a salir y defenderme.