Quiero escribir como Miranda July porque el único motivo real para escribir es contagiar la misma sed por escribir. La sed de no comprender por qué las cosas pasan, justo lo que siento cuando leo a Miranda July. Miranda July y sus personajes que esconden mil secretos dentro de sus vidas ya secretas, y ni siquiera he terminado de leer su libro, apenas llevo tres cuentos o cuatro. Tres o cuatro cuentos es todo lo que necesito para saber que necesito trabajar tanto en el estilo, en el contenido, en quién soy, o si soy realmente yo la que escribe.En los tres cuentos la narradora de Miranda July es una especie de testigo extraño. Es protagonista, pero acaso es una protagonista pasiva, alguien a quien le caen todas las cosas encima. Entonces, no es mucho ella, es decir, ella está siempre ahí pero no entiende por qué, no entiende qué es la vida, por qué pasan las cosas. La narrativa no es coherente, nunca hay una apoteosis, ella sostiene la continua existencia plana en la que intenta buscar algo que tenga sentido, algo que sirva como motivo para el texto, como motivo para la vida.Son las seis y media y me sorprende que a esta hora pueda haber tanta luz. Encerrada en la cueva noruega, me encanta salir y ver el mundo real, y ver a la gente que tiene expresiones tan distintas y deseos tan distintos, que no son el sueño de equidad perfecta. Me encanta que los franceses sean malos y pesados conmigo, que no me perdonen que no hable su idioma.Quiero escribir como Miranda July, la necesito más que nunca. Pero cómo, ¿cómo podría buscar algo así cuando yo misma pretendo que mi vida tenga sentido encajándola en una narrativa coherente? Si no logro soltar lo que está de moda y lo que es “apropiado”. Cómo describo el impacto que significa ver la luz a las seis y media de la tarde y ver los terrenos de Francia desde un tren en el que comparto el espacio con ocho desconocidos, con dos personas de frente y otra a la par mía que se da cuenta de que estoy escribiendo.Había empezado a dibujar. Tenía el sueño de dibujar en el tren, pero no puedo dibujar con tanta gente viéndome. El bamboleo tampoco ayuda. Ahora resplandece el atardecer y yo estoy del lado opuesto, no puedo tomar fotos. El atardecer desde el tren es sencillamente precioso, pero no sé si esa es una palabra que usaría Miranda July.Ahora tendría que escribir una escena sexual turbia, aquí en este vagón del tren, algún pasajero tendría que masturbarse en secreto. Y yo estaría escribiendo la historia en un idioma que ninguno de los presentes entiende. Pero no. De hecho, hoy sí pasó algo, en el avión. Vi la típica escena, la típica escena que los directores de Hollywood se mueren por recrear de la manera más real posible, sin entender que el juego del azar es lo que precisamente le da fuerza, y ese azar es imposible de representar en una película comercial.Tal vez Miranda July lo describa mejor que yo: en el avión había una gringa y un francés, jóvenes. Ambos estaban sentados en la fila 12 del avión. Los asientos 12A, 12B y 12C, el asiento de la ventana estaba desocupado. La gente terminó de abordar y nadie llegó a ocupar el tercer asiento. Ella le preguntó a él, él respondió. Siguieron conversando. Yo estaba en el asiento D, del otro lado del pasillo, pero ya no era parte de su mundo. Sólo podía ver la espalda de él, que estaba completamente volteado, absorbido en la conversación. Escuchaba sus bromas y sus carcajadas. Nadie en el avión se estaba divirtiendo tanto como ellos. Fue ese encuentro fortuito que súbitamente cambia la vida de las personas y aparece un nuevo personaje que ya no pueden olvidar. Fue esa experiencia única. Al estilo de Linklater, en avión.Y así fue, no sé cómo darle más poderes místicos a esa escena, o como encajarla en un contexto totalmente decadente en el que ya nadie nunca más espera ese tipo de encuentros. El momento en el que el silencio es el mejor compañero de las personas a donde quiera que vayan. No sé, me gustaría saber cómo lo hubiera descrito Miranda July.Todos leen pero nadie escribe. Ese es precisamente el problema. Y la francesa que está a mi lado en el tren se quitó los zapatos y le apestan los pies. Nadie va a hablarme en este tren, no voy a tener un encuentro fortuito, todos van a ser como todos los otros rostros que van y vienen y a nadie le importan.Tengo miedo no sé por qué. Me da miedo quedarme dormida y no bajarme a tiempo del tren. Cuando la francesa se sentó a la par mía no se dio cuenta de que yo le estaba hablando en inglés. Siguió con su idioma y yo entendí por los gestos. Ahora, no sé qué pensará de mí que sólo estoy tecleando en la computadora, y sabe, perfectamente, que no hay wifi en los trenes de Francia.
miércoles, 8 de marzo de 2017
En los trenes de Francia no hay wifi.
sábado, 8 de octubre de 2016
*El sonido del viento*
¿De dónde viene, el frío?
esta ventisca helada
ya no es tu aliento
es el aire vacío,
llevándose las hojas secas.
–la réplica de la persona que no está,
la réplica de una ausencia,
espejos vacíos enfrentándose–
De dónde viene esta angustia
el placer de pensar en todo lo que no está
No están, por ejemplo, los colores del cielo
todo es gris
todo
se derrumba
en gotas grises,
frías
El frío
ausente y presente
no sé si estoy afuera
o adentro del aire
del aire que me deshace
en partículas frías.
El torbellino
gélido
tiene la forma
de tu mano.
Tu mano,
el último puerto
la isla desierta,
¿se ha convertido en frío?
miércoles, 23 de septiembre de 2015
Estoy cansada
sin derecho
a reclamar
mi nombre
y mi voz
Soy un ente en el vacío
que no merece un pedestal
o por lo menos
una silla.
Vago en los altares ajenos
mendigando entre veladoras
se iluminan
las otras caras
en el laberinto de espejos
Ningún rostro es el mío
Quiero un asta para mi bandera
un silencio para mi voz
un papel para mi firma
Estoy cansada
no tengo derecho
sólo una almohada.
miércoles, 18 de marzo de 2015
Última salida
Escribir es la última salida
de esta voz desgastada
harta de quejarse de lo mismo
Esta voz
no logra ubicarse en ninguna parte.
Siempre falta algo
cada poema
padece de errores catastróficos.
Incluso este texto
Incluso esta vida.
No queda más
que el testamento
de mi fracaso.
.
.
.
.
.
.
No
Aún tengo ganas de romper el mundo
de estrellarme contra los cánones.
Voy a respirar donde no hay aire
hasta que haga tambalear la realidad.
de esta voz desgastada
harta de quejarse de lo mismo
Esta voz
no logra ubicarse en ninguna parte.
Siempre falta algo
cada poema
padece de errores catastróficos.
Incluso este texto
Incluso esta vida.
No queda más
que el testamento
de mi fracaso.
.
.
.
.
.
.
No
Aún tengo ganas de romper el mundo
de estrellarme contra los cánones.
Voy a respirar donde no hay aire
hasta que haga tambalear la realidad.
jueves, 20 de marzo de 2014
Oxígeno
Afuera
un gigante
inhala
y
exhala
el dueño de la noche
infla las cortinas,
las embaraza
de aire.
Acaso pueda encontrar
mi respiración entre
los suspiros de la noche
Acaso logre distinguir
mi aire entre los otros
Los chakras se relajan
poco
a
poco,
dibujan
mi cuerpo sobre la cama,
mi alma sobre el mundo.
El gigante
inhala
y
exhala
el ruido del mundo
continúa apuñalando corazones
acosando pechos oprimidos
con los altos muros
con los rostros grises.
un gigante
inhala
y
exhala
el dueño de la noche
infla las cortinas,
las embaraza
de aire.
Acaso pueda encontrar
mi respiración entre
los suspiros de la noche
Acaso logre distinguir
mi aire entre los otros
Los chakras se relajan
poco
a
poco,
dibujan
mi cuerpo sobre la cama,
mi alma sobre el mundo.
El gigante
inhala
y
exhala
el ruido del mundo
continúa apuñalando corazones
acosando pechos oprimidos
con los altos muros
con los rostros grises.
La ciudad es el santuario de la luz
y de la angustia.
Acaso el gigante
logre iluminar
a todos los chakras del mundo
aunque mañana sea mañana
aunque este momento de paz
se extinga para siempre.
y de la angustia.
Acaso el gigante
logre iluminar
a todos los chakras del mundo
aunque mañana sea mañana
aunque este momento de paz
se extinga para siempre.
sábado, 12 de octubre de 2013
Clavado
Frente al agua fría
las ansias devoran mi piel
el desasosiego del mundo
pesa
duele
asfixia
mi energía
El tiempo consume mis deseos
la vida es tan intensa
a cada momento, un charco
oscuro, de aguas turbias
contempla mis indecisiones.
Contengo la respiración
el último instante se acerca
las aguas claman por mí,
por inundarme la piel
de su viscosidad y espesura
dejarme fría y paralizada.
Debo nadar
con las ansias comiéndome las manos
con el desasosiego del mundo destruyéndome.
Acaso logre llegar al otro lado,
acaso las tinieblas estén en mis ojos
y el agua que me espera es cristalina.
miércoles, 18 de septiembre de 2013
La mañana, el café y la nada
Tazas de café
quemadas por la madrugada,
rastros de sueños robados
evaporándose.
El smog
dibuja los ojos cansados
de una ciudad
en busca de luz.
Es hora de estrenar un nuevo miedo,
tantas lágrimas esperando por nosotros
en la próxima avenida, en la puerta de al lado...
Apenas puedo con mi tristeza,
apenas logro avanzar hacia la nada.
Esta taza de café
esta única certeza.
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